The Capuccino Girl

The Capuccino Girl

lunes, 30 de diciembre de 2013

Propósitos de Año Nuevo o Como tener una muerte segura

  ¡¿QUE?! Grité a mitad de la calle y aspiré profundamente en un intento inútil para calmarme.



  "¡Lo mato! ¡Ahora si lo mato!" pensé.

  Y seguramente ustedes estarán pensando: ¡Pero mujer! ¿Ahora que te pasó?

  Pues agárrense que les cuento.

  Iba caminando muy tranquilamente, sintiendo el viento en mi rostro con mi acompañante al lado, pensando en mis asuntos, cuando sin más ni más lo escuché preguntar:
 
"Y... ¿Ya sabes cuales son tus propósitos de año nuevo? ... ¡¡Ya sé!! ¡¡BAJAR DE PESO!!
 

New year
  Mi más que sonoro "¿Que?" se escucho por toda la calle (o por lo menos esa impresión me dio a mi).
 
  Y le dí mi mirada más mortal, de esas que convierten la primavera en invierno y hace que hasta el rey Salomón se ponga de rodillas (bueno, no tanto; pero ustedes entienden).
 
¿En serio? ¿Que no saben? ¿Nadie les explicó? ¿No les llegó el memo? Eso NUNCA, NUNCA, pero en serio NUUUUUUUUUUNCAAAAAA se le dice a una mujer.

Never
 
  Como si ese balde de agua fría no hubiera sido suficiente, el sujeto en cuestión trato de "componer" la situación: 
"P... Pues eso piden todas en año nuevo... o ¿no?"
 
  Inmediatamente pasaron por mi mente una serie de imágenes con ideas para cometer el delito y que nunca nadie lo descubriera. No podía decidirme si debía imitar una de las tantas escenas de "El Padrino" o "Kill Bill".

 


 
  Ahora, díganme ustedes si tengo o no razón en poner el grito en el cielo.
 
  Un consejito le doy a todos lo hombres:
  Si no tienen nada bueno que decir; simplemente no digan nada. Sólo por que tengan boca no quiere decir que tengan que usarla todo el tiempo.
 
  ¡Aguas! Que al siguiente que diga una tontería como esa... vaticino que se quemará la boquita con el Capuccino...
 
 




martes, 17 de diciembre de 2013

Pervertido, yo?

  Pocas cosas en esta vida me dan tanto miedo como los acosadores... bueno; ellos y la mirada asesina de mi mamá. Es que en serio, en cuanto mi madre levanta la ceja y aprieta los labios todo el mundo sabe que se avecina la tormenta y es mejor buscar refugio antes de que algún pobre mortal se cruce en su camino (bueno, igual estoy exagerando un poquito).



  Pero no vine a balconear a mi madre. Por el contrario, vengo con el propósito de desahogar el susto que me llevé una semana atrás y que aún no supero. Por que si bien encontrarte a un acosador (de la nada) es feito feito, reencontrarte con TU acosador de la preparatoria casi 10 años después y ver que sigue siendo tan creepy como entonces, es de infarto.



  Les cuento. Iba caminando por la calle muy tranquilamente con toda la buena onda como cada mañana; cuando de repente escuché:
-¿Karina? Eres Karina, ¿verdad? ¿Te acuerdas de mi? -

  Aclaro que mi nombre no es Karina, ni Karin, ni nada que se le parezca, por lo tanto la reacción natural de su servidora fue... seguir caminando, ignorando la llamada de tan tenebroso personaje.

  De pronto sentí que alguien tomaba mi brazo y voltee rápidamente; entonces lo reconocí y en cuestión de segundos un flashback me llevó de regreso a ese fatídico día en que conocí a mi acosador personal. Había ido a una fiesta con unas amigas y al momento de irnos, el tipo en cuestión (disculpen la rudeza pero no me sale nadita de afecto por el susodicho) con las muchas copas de más que llevaba encima comenzó a insinuárseme de manera grotesca hasta que logré escapar. Pero mi victoria duró  poco. Al día siguiente, al llegar al instituto todo el mundo me miraba de forma muy extraña y es que el muy listillo, dijo que yo, estando completamente ebria, me le había insinuado.



  De más está decir, que puse el grito en el cielo y armé todo un plan de ataque, mismo que se vio frustrado por mis profesores al mantenerme alejada de él como medida de seguridad hacia mi, pues mi reputación en el instituto era por demás, perfecta.

  De vuelta al presente, me le quedé mirando por un segundo y de inmediato dije:
-No, no me llamo Karina.- me di vuelta y seguí caminando, pero no conté con el hecho de que me siguiera a pesar de que iba acompañada.

  Él seguía bombardeándome con sus preguntas y llamándome Karina, hasta que se agotó mi paciencia y aguantándome los nervios me detuve de improviso y con voz firme le dije:
- Ya te dije que no soy Karina. Déjame en paz- y continué mi camino.

  Al día siguiente volví a encontrarme con él en el mismo lugar y si, volvió a seguirme unas calles. Y no conforme con eso, me lo encontré otras dos veces más esa misma semana, siempre mirándome con esos ojos de acosador pervertido de caricatura japonesa, que a mi en verdad me asustan y me dan ganas de aplicar lo poco que recuerdo de mis clases de tae won do.



  Gracias a esta experiencia con el lado oscuro he desarrollado un plan infalible para cuando me lo vuelva a encontrar, mismo que consiste en caminar tranquilamente hasta dónde esté algún representante de la ley o alguna abuelita de la vela perpetua con mejor brazo que el Santo, poner mi mejor cara de "estoy en una película de terror japonesa" y gritar a todo pulmón:
-Eres tú!! El acosador pervertido del zócalo!! Déjame o grito!!-
 
 (97) sheldon cooper | Tumblr
  Y tan tan! Asunto terminado.

  Ahora, no todo es negatividad conmigo. Así que aquí les traigo un par de consejillos a aquellos acosadores amateurs que no 'más no se les prende el foco.

1.- Si van a acosar a alguien, asegúrense de SABER su nombre. (Digo, por si acaso)
2.- No usen prendas llamativas. Usar un cárdigan amarillo fluorescente es como llevar un letrero que diga: ACOSADOR!!
3.- Usar un cárdigan amarillo fluorescente con pantalones azules y lentecitos redondos tipo Harry Potter mientras miran a su presa de forma viciosa, equivale a llevar un letrero que diga: SOY UN ACOSADOR... Y PERVERTIDO!!
4.-Vayánse muy, muy, muy, pero muuuuuyyyy.... cuidadosamente por la sombrita.
 


  HE DICHO!











domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Quieres verlo?

  Amo a mi mamá, en serio; pero a veces me mete en situaciones que me dejan completamente fría; como anoche.
 
  Les cuento. Nos encontrábamos mi mamá y yo muy tranquilitas, cada quien en su sillón buscando algo interesante que ver en la televisión.


 
  Mi mamá como, como toda matriarca que se precie; tenía en su poder el control (el de la t.v.) y comenzó a cambiar los canales. En eso, sin aviso y de la nada, nos encontramos con un programa llamado: "Sexo para adolescentes".


 
  Justo en ese instante, mi mami (tan linda como siempre) se volteó con la rapidez de un rayo y me dijo: "¿Le cambio o quieres verlo?".  Yo tengo 26 años y no sabía que aún se me consideraba adolescente.
 
  Por un segundo me quedé de piedra y estoy segura de que puse cara de boba... pervertida; pero boba, luego con toda la naturalidad del mundo, le contesté: "No. ¿Yo para que quiero verlo?"

Untitled
 
  Mi adorada madre, entonces continuó su recorrido de canales sin la menor muestra de vergüenza por su pregunta. Mientras yo seguía analizando la situación. Por que en el dado caso de que hubiera querido verlo y con todo lo que amo a mi madre, me resulta un poco incómodo ponerme a ver un programa así con ella juntito.
 
  Moraleja:
  Si alguna vez les sucede una situación parecida, primero: intenten recordar su edad (igual y si son adolescentes, les conviene ver el programita ese), segundo: si es su mamá quien les pregunta ¡CUIDADO!, puede ser una trampa, tercero: intenten mantener la calma y contestar lo más natural posible sin dejar salir la carcajada que seguro traen atorada en la garganta y por último: cuéntenselo a quien más confianza le tengan.
 
  ¡Te quiero ma'!
 


domingo, 10 de noviembre de 2013

Halloween 2013

Yo iba caminando muy alegremente por la calle, después del trabajo, con los audífonos puestos, la música sonando y yo tarareando cual profesional, cuándo de pronto al bajar la mirada me encontré con un papelito tirado en el suelo, mas pisoteado que un chicle en pleno Mardi Gras.



No sabría decirles que fue lo que llamó mi atención, pero terminé levantándolo y ¡oh surprise! era un pequeño volantito que anunciaba la puesta en escena de Don Juan Tenorio. Me emocioné y lo guardé en mi bolso para después continuar mi camino.


Honestamente, cuando mi acompañante y yo decidimos ir al teatro, no esperábamos reír tanto ...por la pena y ajena además. Y no es que me queje, dentro de todo, la obra fue bastante buena y entretenida, pero de pronto ver a un Tenorio que bien podría ser mi bisabuelo (bueno.. no, exagero, mi abuelo o el de todo el elenco, sería lo más correcto) al que de pronto se le olvidan las líneas, pierde su entrada, no puede colocarse la capa (o quitársela)  ni desenfundar la espada (no, no es albur),hacía que me entraran los nervios, de esos que te hacen decir: No puedo ver... no veo...no veo..., pero que ahí te mantienen con el ojito abierto pegado al escenario.


¡De verdad!

Y luego el contraste entre el abuelito y la joven Doña Inés, pues... vamos, que me muero.

Y entonces, la muerte, esa escena llena de sentimiento y profunda...mente hilarante. Primero, porque nuestro aventurero héroe (quien no puede mantenerlo en sus pantalones, if you know what I mean) no podía batirse en duelo, sino que a la hora de la hora, no podía terminar de morir. Y no, porque quisiera darle un toque más dramático, más bien porque esas articulaciones que tantas lunas han visto, pues... nada más no se lograban acomodar.


Juro que me daban ganas de subirme al escenario y ayudarlo a acomodarse al pobre hombre. En lugar de eso... me reí. Pero, aclaro, no como burla, sino de nervios.



Después de tanto nervio y risa contenida, el broche de oro fue salir y ver a Chuky tomándose fotos con los turistas en pleno centro de la ciudad, sin pena ni gloria.



En fin, que comienzo a pensar que eso de que en Halloween salen los locos, me lo empiezo a creer.

martes, 5 de noviembre de 2013

Sorry! Sorry!

¡¡Lo sé, lo sé!!

Tengo el blog bastante abandonado y me disculpo por ello. El verano pasado estuvo bastante "complicado" por decir lo menos y sé que no es excusa, pero ya estoy de regreso y me encuentro en a búsqueda de inspiración, nuevos temas para platicar con ustedes.
 
Por cierto, he descubierto que no es tan malo salir más seguido, al menos para activar mi vida social, porque mi cuenta bancaria me pone cara de pocos amigos.
 
Sin más información por el momento, me despido, deseándoles una hermosa tarde (aunque con este horario ya se siente noche) desde la comodidad de mi sillón predilecto con una humeante capuccino calientito; ya sabes  por eso de que ya es otoño.



martes, 27 de agosto de 2013

Los Nunca... Nunca...

"¡Nunca... nunca... nunca trabajaré como maestra!"
 

  Eso fue lo que me prometí a mi misma y a uno de mis profesores en la universidad hace bastantes lunas atrás. Ahora, pregúntenme cual es mi empleo... ¡Si! ¡Exactamente! ¡Soy profesora de inglés!
 
  No es que me disguste mi empleo actual, por el contrario es bastante tranquilo... una vez que dejo el salón de clases (jeje), se trata simplemente de que no es exactamente lo que yo había imaginado que sería mi vida cuando estaba en la universidad.
 
  En alguna ocasión, también cometí el tremendo error de decir: "Nunca... nunca... nunca regresaré a trabajar en el ramo hotelero" y ... ¡¡Zaz!! Ahí merito fue dónde acabé. No sé que estaba pensando con exactitud cuando acepté ese empleo, pero ¡uy! aprendí mi lección... o ¿no?


  Hace unas semanas me reuní con mi equipo creativo y las musas personales de este blog, A.K.A. mis mejores amigas y la plática nos fue llevando justamente a este tema: los nunca... nunca.


  Por que, aceptémoslo; todos tenemos nuestros "Nunca... nunca..." y  si bien, la mayoría de las ocasiones aprendemos la lección; algunas otras nos cuesta un poquito entenderlas, digerirlas e incluso aceptarlas. Algunos "nunca" no son extremadamente graves; pero todos y escribo esto con la más firme convicción, todos nos cambian la vida en menor o mayor medida.
 
  Y es que durante mi corta estancia en mi empleo como operadora en un hotel, tuve la oportunidad de crear nuevas amistades, mismas que de no haber aceptado ese empleo en particular no habrían llegado a mi vida.
 
  Con esto en mente, les pregunté a mis musas cual es su "Nunca.. nunca" más grande. Una de ellas, me dijo:
"¿Recuerdan que les dije que no quería tener hijos? Bueno, pues van a ser tías."
 
  Y con esa sencilla frase, nos cambió la vida a las otras dos. Ahora me paso la vida, pensando en que cosas voy a comprarle al pequeñín. Está por demás mencionar, que si la noticia sacudió mi mundo, imagínense como está mi amiga.
 
 
  Mi otra amiga comentó: "Yo dije que nunca regresaría a Mérida y hasta la fecha lo he cumplido".  Si bien, su "nunca" no es extremadamente grave, para ella en particular es un factor decisivo y lo entiendo a la perfección (también fue uno de mis "nunca").
 
  Mientras terminábamos nuestros tragos, sin alcohol por obvias razones y la mesa se llenaba de un extenuante silencio que fue interrumpido por nuestro mesero en turno, llegué a la conclusión de que si nuestros "nunca" nos van a alcanzar de cualquier modo, entonces ¿Qué porqué no aventarme uno mas?
 
  Así que aquí va:
 
  "Nunca... nunca... nunca quiero tener un novio guapo, de espalda ancha, con buen empleo y que sea un caballero."
 
  Digo... a ver si me pasa como con lo de ser maestra.
 





jueves, 11 de julio de 2013

Echando a perder se aprende... o no?

  El bar estaba a reventar, afuera la gente se fundía en un mar de personitas queriendo obtener una mesa o al menos entrar. La fría noche les invitaba a buscar refugio en un lugar calientito y con buena música.



  Por azares del destino, ese invernal viernes mis 3 acompañantes y yo terminamos compartiendo mesa con 3 desconocidos; entre ellos una pareja de novios. La mesa vecina estaba llena de chicos extremadamente guapos así que después de un rato comenzamos a platicar y a con...beber (ya saben como es eso).

  Todos estábamos conversando y con...bebiendo juntos en armonía, cuando de la nada, al final de mi mesa escuchamos un rotundo:

 
  - ¡No olvides que tú eres mía!-

  Por un segundo todo se congeló.

  La mesera se quedó plantada en su lugar, mis amigos se inmovilizaron, uno del grupo de los guapos se quedó con el cigarro a medio camino y yo con mi Vodka apenas rozando mis labios. En la mesa se hizo un silencio sepulcral que contrastaba con "Rock you like a hurricane" que tocaba la banda en ese momento.

  Como resortes y con la velocidad de la luz, todos volvimos la cabeza hacia la "adorable" parejita al momento que iniciaba el show. Por la expresión facial de la chica, me di cuenta de que la cosa esta por ponerse interesante y entonces lo supe: era el principio del fin.


  Nuestro Romeo en cuestión, comenzó a clamar su enorme y profundo amor por ella, casi al borde las lágrimas y a reclamar que su atención debía ser dirigida únicamente a él.

  El muy "conmovedor" monólogo duró por casi 10minutos, con el hombrecito gesticulando cual comediante amateur en un escenario. El chico guapo del cigarro y yo nos sentamos muy lentamente, sin hacer ruidito alguno (como si el ruido de la banda no fuera suficiente) observando tremendo reality show.

  La chica en cuestión levantó la ceja derecha, esbozó media sonrisa y justo en ese instante comenzó a sonar "Highway to hell" (do I need to say more?). La canción perfecta para tan tremendo y a la vez pacífico final.



  Cuando al fin nuestro trágico héroe se tomó un segundo para respirar, la fémina (para algunos heroína, para otros villana) tomó su bolso, le dirigió una sonrisa airada y se abrió paso entre la multitud en dirección a la salida, mientras se colocaba la chaqueta. Romeo hundido en su perplejidad que se reflejaba en su rostro; no supo que hacer. Entonces, se volvió hacia nosotros y dijo:

   - ¿Entonces?- miraba la salida del bar y regresaba a nosotros; que hasta ese momento no nos habíamos movido ni un milímetro.

  Lo observábamos con los codos sobre la mesa y la barbilla entre las manos, como moquitos viendo Chabelo un domingo por la mañana. Soltamos un suspiro colectivo, movimos la cabeza y le invitamos un par de cervezas.



  MORALEJA: No te las des de héroe trágico en tu primera cita. Sobre todo si desde el primer reclamo la única respuesta que obtienes es una ceja levantada y una sonrisa sardónica.

  ¡He dicho!